|
|
| PORTADA
> FIRMAS |
 |
 |
 |
| La segunda opinión |
| La inevitable decadencia
del liderazgo |
|
|
 |
| Los momentos críticos
que vislumbramos, como el terrorismo global, son tan nuevos
que el liderazgo parece fuera de lugar. |
 |
El liderazgo ha estado y está muy presente en
el mundo político, empresarial, deportivo y hasta
científico. Y, sin embargo, creo que hay signos
perceptibles de su decadencia. Ésta es evidente
en la ciencia, un espacio que parecería inexpugnable.
En efecto, el liderazgo que uno atribuiría a
un Einstein no puede subsistir en un mundo en el que
el monismo metodológico ha perdido su prestigio
y está siendo sustituido por un pluralismo asociado
a la multiplicidad de causas eficientes y a la consideración
de la ciencia no como un camino hacia la verdad, sino
como una fuente de generación de ideas que nos
ayudan a transitar por este mundo que desconocemos.
Si el liderazgo no cabe en la ciencia, ¿cómo
podría darse en la política? El liderazgo
social y los momentos históricos críticos
parecerían asociados. Y no sólo porque
una guerra, como ejemplo elemental de un momento crítico,
exige el reforzamiento de una autoridad como la de Churchill,
digamos, sino también porque una personalidad
fuerte y paranoica genera sus propios momentos críticos,
como sería, sin duda, el caso del Führer.
Creo que, en el mundo en el que estamos, las personalidades
paranoicas pueden ser desactivadas con facilidad gracias
a la información desbordante que existe y es
accesible, y que los momentos críticos que vislumbramos,
como por ejemplo el terrorismo global, son tan novedosos
que la presencia del liderazgo parece fuera de lugar.
Bin Laden es sólo el avispado creador de una
franquicia y de una marca, Al Qaeda, y Bush el desmañado
proveedor de una defensa tan poderosa como obsoleta
a efectos de luchar contra el nuevo terrorismo.
Quizá podríamos detectar la presencia
del líder en el mundo empresarial en el que parece
haber primeros ejecutivos que arrastran toda una organización
por el camino del éxito. Pero la vida de una
empresa no está tan marcada por graves momentos
críticos, a no ser que entendamos como tales
los episodios de la competencia, y las grandes metáforas
de la literatura de gestión son demasiado perecederas
como para que la del liderazgo resista el paso del tiempo.
El éxito de Grecia en la copa europea de fútbol
representa el triunfo del equipo frente a la figura
carismática del líder en su soledad. La
poética del hombre solitario sólo tiene
porvenir cuando éste entronca su peripecia vital
con la épica de una causa o de un movimiento
colectivo, como ocurrió en los tiempos de la
frontera, en los que el jinete solitario deja de rumiar
su frustración y echa una mano, rematada por
un colt, a la colonización civilizatoria del
oeste americano. Es quizá este mundo poético
el que mejor nos permite captar la decadencia del líder-héroe.
El vaquero descabalgado para ayudar al débil
sólo alcanza su grandeza poética cuando
vuelve a su soledad cabalgando hacia el horizonte a
pesar de la llamada reiterada que le grita vuelve Shasne,
vuelve. Desde ese momento preciso, al final de Raíces
Profundas, los líderes sólo lo son cuando
renuncian a ejercer como tales.
|
 |
|
|
|