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| Apuntes liberales |
| El otoño más
caliente |
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| El Gobierno Zapatero ha abierto
tantos frentes de controversia política que nos
espera una vuelta del verano potencialmente explosiva. |
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Existe la opinión generalizada de
que el verano es sedante o balsámico. Yo discrepo.
Es la estación donde se cuecen, quizá imperceptiblemente,
las agudas discrepancias, los violentos conflictos que
suelen aparecer en otoño. Otoño caliente
es ya una expresión tradicional de la fenomenología
política porque tiene una irrefutable constatación
empírica. El último otoño del Partido
Popular fue dramático.
La alianza con EEUU desató las ira ciudadana en
la calle, la esquiva naturaleza se hizo presente con la
tragedia del Prestige, y ya antes, Aznar decidió
dar marcha atrás en la reforma laboral que había
ocasionado la huelga general de junio. ¿Qué
nos deparará el próximo otoño? Lo
siento, pero soy absolutamente pesimista. Tengo una teoría
que pretende ser deliberadamente provocadora. Cuanto mejor
es el talante con el que nos vamos peor será el
escenario que nos espera a la vuelta. Yo creo que el Gobierno
Zapatero, que no ha tomado una medida de fuste, o todas
las que ha adoptado o sugerido están en la dirección
equivocada, ha abierto todos los frentes posibles de conflicto.
Estamos a punto de volver de vacaciones sin conocer la
hipótesis de Estado que alberga el presidente,
sin adivinar cuál será el nuevo sistema
de financiación territorial, sin conocer el futuro
grado de cumplimiento del equilibrio fiscal, con un presupuesto
sometido a las presiones de gasto de un gobierno dividido
y sin criterio y unos aliados políticos sin aprecio
por el ahorro público, ayunos de posicionamiento
estratégico en el mundo, con un plan de cambio
del modelo social y de familia que ignoramos dónde
nos conducirá, con un sistema educativo gripado,
la amenaza de la excepcionalidad cultural a la vuelta
de la esquina, una Administración fogueada por
el intento socialista de ocupación masiva, el poder
judicial sometido nuevamente a disputa pública,
el riesgo cada vez más presente de intervención
estatal en las empresas privadas, un mercado laboral en
franco proceso de deterioro y en el que el gobierno postula
un abstencionismo ejecutivo irresponsable, y un deseo
de fortalecer el Estado del Bienestar claramente anacrónico
y contradictorio con el tipo de políticas que están
impulsando los países de nuestro entorno.
Yo ya tengo algunos otoños a mis espaldas pero
nunca había estado en ciernes de uno tan complejo
y potencialmente explosivo como el que nos espera. Y les
aseguro sinceramente que me gustaría equivocarme.
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