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Por descontado
La evolución de los tipos
Por fin alguien ha salido a los medios de comunicación a decir que, hoy por hoy, los tipos de interés no tendrían por qué subir en la Europa del euro.

Ha sido el vicepresidente y ministro de Economía, Pedro Solbes, el que ha dado la cara para explicar algo que debería ser obvio: aunque hay una cierta relación entre lo que pasa en Estados Unidos y lo que ocurre en Europa, las cosas no son tan estrictas que a un movimiento en un lado del mar debe corresponder necesariamente uno igual en el otro lado.

La economía de Estados Unidos está creciendo a un buen ritmo. Por encima del 3% y en algunos trimestres aún más. En la Europa comunitaria las últimas previsiones acercan el crecimiento al 2% pero aún no se alcanza. El ciclo, por tanto, parece más retrasado en la Unión Europea que en Estados Unidos. Y eso se nota en las tensiones inflacionistas que hay en las dos zonas. Dejando a un lado los problemas generados por el elevado precio del petróleo, que deberían ser coyunturales, las presiones en los precios están en Estados Unidos y no en Europa.

Por último, el nivel de tipos de interés en Estados Unidos y en Europa también es diferente. En Estados Unidos el precio del dinero está ahora en el 1,25%, después de una subida de un cuarto de punto, mientras que en la Zona Euro se mantiene en el 2%.

Que la diferencia entre las dos grandes zonas económicas es grande en la actualidad se explica en parte porque hace apenas un mes aún se decía, por la mayor parte de analistas, que la Reserva Federal debía subir el precio del dinero mientras que el Banco Central Europeo lo que tenía que hacer era bajarlo para ayudar un poco más a la recuperación de la actividad productiva.

Y de repente todo se ha trastocado. La Reserva Federal subió el precio del dinero y buena parte de los analistas se olvidaron de lo que venían diciendo hasta entonces. Según la nueva doctrina, los americanos habrían tardado demasiado en subir los tipos de interés -permitiendo así mayores tensiones inflacionistas de las deseables- y los europeos tenían que seguir ese camino para evitar caer en los mismos errores. La presión sobre el coste del dinero a corto plazo se trasladó a Europa e incluso hubo quien propuso que el BCE modificara el precio oficial del dinero con motivo de su última reunión mensual de hace unas semanas. Ha tenido que ser Solbes, además naturalmente del propio BCE, el que recuerde que las cosas no son iguales en todas partes y que lo peor que se puede ser es seguidista. La economía europea no necesita ahora que se muevan los tipos. Está tratando de salir de la crisis y endurecer la financiación no haría sino dificultar esa salida.

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