|
|
| PORTADA
> FIRMAS |
 |
 |
 |
| Apuntes liberales |
| Tiempos de celo fiscal |
|
|
 |
| Los responsables de Hacienda
recobran la estrategia de infundir temor entre los contribuyentes. |
 |
Los nuevos responsables del Ministerio de
Hacienda han elegido la lucha contra el fraude fiscal
como uno de sus objetivos prioritarios. En muy poco tiempo,
Solbes ha anunciado que va a clasificar a los contribuyentes
según su nivel de riesgo, es decir, su querencia
por la ocultación; también ha adelantado
que la Agencia Tributaria será mucho más
escrupulosa en el control de las grandes empresas, y ha
planteado la necesidad de reformar el sistema de módulos
por el que declaran los empresarios más pequeños
con el propósito de redefinir y endurecer sus condiciones.
Nada puede parecerme mejor que todo el mundo pague los
impuestos a que está obligado por ley, si bien
desearía que estos fueran cada vez más bajos.
Es estupendo que la Hacienda Pública apure al máximo
su rigor, pero tengo mis dudas sobre tanta insistencia
publicitaria. Da a entender que tenemos un grave problema
de fraude fiscal en España, o que el anterior gobierno
pecó de negligencia al respecto, y creo que sacar
estas eventuales conclusiones ni se corresponde con la
verdad ni genera expectativas positivas.
España tenía un grave problema de elusión
fiscal durante la primera era socialista, donde sectores
económicos enteros estaban muy lejos de atender
sus exigencias tributarias, y hay que decir, en honor
a la verdad, que los gobiernos de González, y en
particular Solchaga y Borrell, hicieron una tarea notable
para aflorar bases imponibles y regularizar la situación.
La realidad es hoy muy distinta de entonces, incomparablemente
mejor. Durante los ocho años del PP, se han producido
crecimientos espectaculares de la recaudación,
superiores a los dos dígitos, tanto en el IVA como
en el Impuesto sobre Sociedades, lo que refleja una clara
mejora del cumplimiento fiscal. Los impuestos han bajado,
la economía ha crecido y los ingresos también,
como era de esperar cuando se reduce la presión
fiscal formal.
La Agencia Tributaria ha seguido su modernización
y presta un servicio cada vez más eficaz a los
contribuyentes, y en cuanto a lo de las grandes empresas,
lo cierto es que los inspectores las tienen hace ya muchos
años controladas al milímetro, de tal manera
que no hay una que no sostenga pleito con Hacienda a cuenta
de la interpretación de las normas. Sólo
se me ocurre una explicación a este renovado y
artificial celo fiscal: que ante la ausencia de propuestas
legales positivas, hace falta inventarse un enemigo, aunque
sea viejo y esté casi amortizado; aunque sea a
costa de infundir un temor anacrónico que es, a
estas alturas de la historia, muy poco estimulante. |
 |
|
|
|