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| Apuntes liberales |
| La sabia elección
de Durâo |
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| El primer ministro portugués
ha sometido al país a un duro ajuste presupuestario,
impopular pero benéfico a largo plazo. |
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Tengo tantos motivos de satisfacción
por el nombramiento de Durâo Barroso, el primer
ministro portugués, como futuro responsable de
la Comisión Europea que casi me cuesta elegir el
más importante. Lo que más me gusta de él
es que cree en el atlantismo, es decir, en que el entendimiento
entre Estados Unidos y Europa es clave para la consolidación
de la civilización occidental en tiempos tan turbulentos
como los que vivimos. Es igual de notable que su candidatura
haya encontrado la más absoluta unanimidad a pesar
de que, como es de dominio público, Durâo
Barroso fue el anfitrión de la reunión de
las Azores que dio carta de naturaleza a la ocupación
de Irak, y quien puso bastante más que el 'catering'
en el empeño. Yo pienso que éste es el síntoma
más claro de la voluntad de Francia y de Alemania
por mejorar las relaciones bilaterales con el concurso
irrelevante de España, que tras el cambio de gobierno
está fuera de juego en el terreno internacional.
Pero admiro a Durâo por bastantes más cosas.
Es un liberal, cree en las personas, detesta el gasto
público injustificado y piensa que España,
más que un enemigo, es la novia perfecta con la
que consagrar un matrimonio indisoluble de conveniencia.
Heredó un país casi en bancarrota, producto
de la simpática gestión del socialista Guterres,
lleno de funcionarios, acosado de obras públicas
por amortizar, sin alternativa ni respuesta a la crisis
financiera en ciernes. Ha promovido un ajuste presupuestario
de caballo, en un feudo donde el dominio opinático
de la izquierda es intenso.
Desafortunadamente, los ciudadanos no han percibido, y
todavía costará tiempo, lo bueno que es
que el Estado no incurra en deudas que no puede pagar.
Pero gracias a esta política impopular, Portugal
está en el trance de tener unas finanzas públicas
saneadas, ha conseguido librarse del estigma de estado
económicamente gamberro impuesto hipócritamente
por Bruselas, y está en mejores condiciones que
antes de crecer y de generar empleo. Portugal ha derrotado
en esta Eurocopa de fútbol a España, su
punto de referencia, ha eliminado a Inglaterra, aliada
histórica y ejemplo permanente, ha logrado colocar
a su primer ministro al frente de la Comisión.
Todo es positivo. Tenemos por fin en Bruselas a un declarado
pronorteamericano, a un liberal, al líder de un
país pequeño, a un partidario de la ortodoxia
económica y de las reformas estructurales. No se
puede pedir mucho más. El único riesgo es
que, tras su marcha, el país que deja recaiga en
los vicios del pasado. |
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