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Se ha estado viviendo los últimos dos años
con la constante pregunta de si se confirmaba una recuperación
económica global, y aunque se han visto síntomas
por todas partes, su timidez ha inspirado cautela. Ahora
nos sentimos ya más seguros de la recuperación,
pero es casi obligado hacer la pregunta de cuáles
son los problemas que, a medio plazo, pueden ensombrecer
el horizonte. El problema más importante percibido
como tal a ambos lados del Atlántico es el petróleo,
y no tanto por su alto precio a corto plazo sino por
un desequilibrio entre oferta y demanda. El precio del
petróleo no es consecuencia directa de las leyes
económicas sino un fino equilibrio político
y económico que para funcionar necesita a su
vez de un equilibrio a largo plazo entre oferta y demanda.
Pero este equilibrio se está rompiendo con el
incremento del consumo de los países en alto
grado de crecimiento, con China a la cabeza. Este desequilibrio
no se resuelve con el barril a 40 dólares, ni
siquiera a 50 dólares. Es preciso, como sucedió
hace un cuarto de siglo, la concienciación de
consumidores y empresas sobre la importancia del ahorro
de energía y hay que dar tiempo a la sustitución
del petróleo por otras fuentes de energía.
Pero a partir de aquí cuando intentamos continuar
con la lista de problemas no hay acuerdo. La percepción
en Europa es que el déficit de Estados Unidos,
por encima del 6%, es el mayor problema a medio plazo,
agravado por la probable subida de los tipos de interés
a largo. Preocupa en Europa que este déficit
lastrará la recuperación de la economía
americana. Sin embargo la percepción en Estados
Unidos es que el mayor problema a medio plazo es la
demostrada incapacidad de la vieja Europa de conseguir
un alto crecimiento de su economía, atribuido
a un bajo crecimiento de la productividad, que es incapaz
de conseguir el impacto que la utilización masiva
de la tecnología ha estado produciendo en Estados
Unidos.
El problema a medio plazo que frenará la recuperación
global es, visto desde Europa, el déficit de
la economía americana, y visto desde Estados
Unidos, la euroesclerosis, como se bautizó desde
allí a la falta de entrepreneurship que tenemos
aquí. Quiero ser optimista y concluir que si
cada lado del Atlántico opina que el mayor problema
está en el otro lado es porque saben cómo
solucionar el suyo. O tal vez sea porque ven la paja
en el ojo ajeno y no en el suyo.
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