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facebook se hace mayor

Julio 2012 - Texto: Miguel Ángel Uriondo

Las cosas habrían sido muy distintas si Hollywood, al rodar la película sobre Facebook La Red Social, hubiera optado por un enfoque más propio de Disney que por la ácida visión del guionista Aaron Sorkin y el director David Fincher. Una película más amable habría terminado con la boda por sorpresa entre el creador de la mayor red social del mundo, el insultantemente joven Mark Zuckerberg, y su prometida Priscilla Chan, después de una salida a bolsa que llegó a valorar la compañía en más de 100.000 millones de dólares.
El villano de esta función habría sido el héroe de la otra, el brasileño Eduardo Saverin, que renunció a la ciudadanía estadounidense justo antes de la OPV (oferta pública de venta) y se trasladó a Singapur para ahorrarse impuestos y darse la gran vida en la vibrante ciudad-estado asiática, que además está llena de oportunidades de inversión.

Antes de los créditos finales de esta versión edulcorada, un cartel recordaría al público que la salida a bolsa de Facebook sirvió para crear un club de cientos de nuevos millonarios entre sus empleados y quienes tuvieron la fortuna de apostar por la compañía en sus orígenes. Como el padre de su fundador, dentista en Nueva York, que aportó algo del capital inicial; el español Javier Oliván, que entró a trabajar en la compañía en sus fases iniciales y hoy es responsable de la expansión en plataformas móviles del grupo, o el artista del grafiti David Choe, que prefirió cobrar los cuadros que pintó para la sede del grupo en Palo Alto en opciones sobre acciones y no en dinero, una apuesta arriesgada que le valió una fortuna que hoy se estima en cerca de 200 millones de dólares. Asimismo, la salida a Bolsa ha creado nuevos milmillonarios, como la directora operativa del grupo, Sheryl Sandberg, o el ex fundador de Napster, Sean Parker. Y no olvidemos a los inversores que se han hecho de oro en el proceso, como el fondo Accel, Peter Thiel, el grupo ruso DST Global o Microsoft, que ha visto cómo una inversión inicial de 240 millones de dólares se ha revalorizado hasta superar el millardo.

Pero, sea cual sea la versión que más nos guste, las películas sobre Facebook se han terminado. La salida a bolsa obliga a la compañía a bajar a tierra y a centrarse en una realidad mucho más compleja que la que cabe en el celuloide.
Tras su primer día cotizando, el pasado 18 de mayo, en el que las acciones lograron mantenerse en lo alto de la horquilla gracias principalmente al apoyo de los bancos colocadores, Facebook ha empezado a comprobar que la vida en el parqué va a cambiarla para siempre. Si la colocación fue un éxito tibio el viernes, el lunes se caracterizó no sólo por la felicidad de los nuevos novios, sino también por un desplome de los títulos, que al cierre de esta edición parecen haber encontrado su suelo en torno a los 25 dólares. Unas cifras que implican que la compañía está valorada en el entorno de los 54.000 millones de dólares y muy lejos de los 38 dólares que tenía como objetivo de salida o de los 41 que se llegaron a alcanzar en algún momento del debut.

Esto provocó, en los días que siguieron, que los inversores de la OPV denunciaran tanto a la compañía como a Morgan Stanley, el banco principal de la colocación, por haber ocultado ciertas previsiones de los analistas. Estos advertían de una posible reducción en los objetivos de facturación en la medida en que el éxito de la aplicación para móvil de la red social no permite aumentar los ingresos por publicidad que sí se generan en los ordenadores. Aunque se ha señalado que ciertos fallos técnicos que se produjeron durante la jornada de la OPV impidieron que los títulos cogiesen más impulso, también hay quien lo ha agradecido, pues si hubieran subido mucho más también la caída podría haber sido mayor.

Si Facebook facturó el año pasado 3.711 millones de dólares fue, sobre todo, gracias a la publicidad tradicional en su página web. El problema es que los usuarios cada vez utilizan menos la página web y más la aplicación para el móvil, que no presenta anuncios. Así, no sólo el móvil canibaliza al fijo sino que hay quien dice que, en realidad, nadie le presta la menor atención a los anuncios de Facebook, vengan de donde vengan. Michael Wolff, ex director de Adweek, escribió recientemente un artículo demoledor, titulado La Falacia Facebook, en el que afirmaba que la red social no sólo está condenada al fracaso, sino que arrastrará consigo a todas las webs soportadas por publicidad.



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