
En 2008, Kimberly-Clark tuvo una facturación global de 19.400 millones de dólares (unos 13.800 millones de euros). A pesar de que algunos de sus productos –los más conocidos son el papel higiénico Scottex, los pañuelos desechables Kleenex y los productos infantiles Huggies– se encuentran en el segmento al que la marca blanca gana cada vez más terreno, las ventas de la compañía estadounidense superaron en un 6,3% las de 2007. El beneficio de explotación de Kimberly-Clark, que emplea a más de 53.000 personas en todo el mundo, rebasó los 2.500 millones de dólares.
A la vista de estos datos, cualquiera se sorprendería al entrar en las oficinas de Kimberly-Clark la mañana en la que Actualidad Económica las visitó para preparar este reportaje. Nada más entrar, una monitora disfrazada de Blancanieves corretea por el pasillo llevando un globo recién convertido en espada de juguete.
Se apresura a entrar en una sala de reuniones ocupada por bebés desconcertados ante el nuevo lugar de recreo al que les han llevado sus padres. Mientras, un chico pregunta por un grifo para llenar el cuenco que lleva en la mano: la cachorrita de labrador que su joven compañera lleva en brazos tiene sed. Justo después, aparecen tres directivos sin corbata. Lejos de sorprenderse, parecen encantados con el peculiar viernes que se está viviendo en la oficina.
Todo queda en familia. Hay una explicación para todo. Nadie en la oficina lleva ropa formal porque la empresa no lo requiere en ningún día de la semana, siempre y cuando no se visiten o se reciban clientes. “Creemos que cada persona aporta cosas diferentes, por lo que respetamos la forma de vestir de cada uno”, dijeron en Kimberly-Clark cuando Actualidad Económica les preguntó si se permitía el casual friday.
Los bebés se encontraban en la oficina aquel día para la sesión de fotos. Fue por propia iniciativa de la empresa. Cuando se les preguntó por las políticas de recursos humanos que consideran más significativas, citaron la atención a las familias.
De hecho, de las madres que aparecen en la imagen de la siguiente página, dos empleadas con responsabilidades europeas fueron promocionadas a cargos con mayor responsabilidad durante su embarazo. “Desgraciadamente, me parece raro, porque todavía hay empresas en las que se discrimina a las mujeres por tener hijos”, dice Cristina Callejón, que fue ascendida a líder de Desarrollo de Negocio, con su bebé en los brazos. “Ahora viajo, trabajo desde casa y no hay ningún problema”.
Pero no sólo se atiende a las necesidades de ellas... “En las empresas, siempre parece que en el caso de los padres sea extraño acogerse al horario flexible. Mi mujer sale tarde de trabajar y yo puedo cuidar de mis hijos perfectamente”, dice Daniel Isart, responsable de marketing de Family Care Iberia.
Paula Otero, con las mismas funciones, pero en Rolled Products (en la imagen, de rojo y con un paquete de Scottex), es la otra madre que fue ascendida durante su embarazo.
“Hay veces, escuchando a amigos, en las que me sorprendo del tiempo que llevo trabajando aquí. Para ellos dos o tres años ya es mucho tiempo. Yo llevo 11 y no me quiero ir. Me gusta mucho que en esta empresa se valoren los perfiles de las personas y no la situación puntual de cada una”. No es lo único que le sorprende de Kimberly-Clark cuando hace comparaciones con el ambiente de otras compañías.
“Es increíble escuchar historias de las guerras que se pueden montar entre departamentos: hay secciones totalmente enfrentadas”, cuenta. “Aquí, sin embargo, todos nos ayudamos”. “Es algo que enriquece mucho profesionalmente”, añade Marisa Hernando, responsable de logística, que también ha posado para Actualidad Económica junto a su hija Inés. “El sentimiento de pertenencia a la compañía es el primero, todos formamos parte de todo”.
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