
Todos los países importantes de Europa están gobernados por la derecha. ¿Todos? No. En el extremo occidental del continente, José Luis Rodríguez Zapatero y Gordon Brown aún resisten el avance conservador. Pero la vida no es cómoda. En Reino Unido los tories preparan el asalto final a Downing Street. Y en España Zapatero ha encomendado a Jesús Caldera la puesta en marcha de una fundación para renovar el pensamiento socialista.
Cuarenta años después de aquella apoteosis progresista que fue el mayo francés, el recetario universal de la izquierda yace olvidado y cubierto de polvo en un rincón de la historia. ¿Cómo se ha llegado hasta aquí?
En la Europa de mediados del siglo XX, pocos quedaron libres de la seducción del marxismo. No era una teoría más, sino la aclaración del sentido de la historia. Igual que Newton había desvelado las leyes que gobiernan la física, Marx desentrañó las fuerzas que rigen la política: la lucha de clases, el empobrecimiento progresivo de las masas obreras, las crisis cada vez más largas y profundas…
El problema de un proceso de esta naturaleza es que no es sostenible. Llega un momento en que no te quedan más campesinos que desplazar, tienes a todas las mujeres empleadas y no puedes alargar más tiempo la jornada laboral. El único modo de mantener el crecimiento es que esos trabajadores sean cada vez más productivos.
La izquierda no es lo que era, pero, como diría Twain, los rumores sobre su muerte son exagerados. Es verdad que muchos intelectuales desarrollaron durante los siglos XIX y XX una confianza casi religiosa en la capacidad del socialismo para atajar los males de la humanidad y que esa gran fe ha entrado en crisis. Nadie tiene ya alternativas (serias) al capitalismo. Pero subsiste una pequeña fe en la izquierda, que se traduce en iniciativas parciales para restañar “las desigualdades de la sociedad liberal”, como escribe Daniel Innerarity. Este filósofo opina que “buena parte de lo que le pasa a la izquierda […] es que se limita a ser la antiderecha”.
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Muchos izquierdistas piensan que su misiÓn
consiste en mantener a raya la globalizaciÓn,
resistir frente a la americanizaciÓn y
conservar los sistemas de bienestar actuales
tal como estÁn, en vez de reformarlos