Quien no tiene un piso en propiedad es un pringao. Esta idea
ha marcado la decisión de los españoles en materia de
vivienda en las últimas décadas. El que nadie quiera ser
menos que sus padres y la convicción de que la vivienda es el
mejor plan de pensiones posible explican que el 81,5% de las familias
en España viva en un piso de su propiedad, según datos
del Instituto Nacional de Estadística (INE).
Sólo el 11,5% de los hogares 1,8 millones vive de
alquiler (el 7% restante corresponde a cesiones y otras fórmulas),
frente al 31,9% de la media europea. Y la proporción podría
ser aún menor, ya que el último Censo de Población
y Vivienda del INE data de 2001. Una encuesta realizada por el Ministerio
de Vivienda en 2006 situaba la proporción de alquiler en España
entre el 6% y el 7%.
España es, claramente, un país de propietarios. Pero no
ha sido siempre así. A mediados del siglo XX, el 51% de los hogares
era de alquiler. El cambio vino provocado por una política fiscal
tendente a potenciar el ahorro a través de la compra de pisos.
La escalada de los precios en los últimos años (un 180%
entre 1998 y 2007) terminó por reforzar la idea de que la propiedad
es, además, una buena inversión.
PROTAGONISMO. Sin embargo, la niña fea del alquiler se
ha puesto de moda en los últimos meses. El Gobierno ha creado
la Renta Básica de Emancipación (210 euros mensuales a
inquilinos entre 22 y 30 años con ingresos inferiores a 22.000
euros brutos), que se prevé que beneficie a 360.000 jóvenes
el primer año. El Ministerio de Vivienda también ha introducido
la figura del alquiler con opción a compra en el Plan Nacional
de Vivienda, y se ha recuperado la deducción por alquiler para
los inquilinos, eliminada en 1996. Según datos de la Sociedad
Pública de Alquiler (SPA), unas 6.000 viviendas de promotores
y sociedades de inversión inmobiliaria han entrado en los últimos
dos meses en la agencia estatal para ser alquiladas.
La coyuntura económica explica en buena medida este protagonismo.
Ha caído, si no desaparecido, la expectativa de revalorización
de los pisos a medio plazo, el crédito se ha restringido y el
esfuerzo de compra está en máximos de 12 años.
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