CON ÉXITO

"Hay empresarios que quieren ennoblecer su oficio gracias al vino”

21/07/05 - Texto: Ana Franco

Al común de los mortales el vino les huele, les sabe. A los más avezados, su rojo picota o su blanco pajizo, su textura de terciopelo o de seda les cuenta la historia de su vida. A Miguel Ángel de Gregorio, ingeniero agrónomo, enólogo y bodeguero de éxito, el vino, además, le susurra al oído. “Tomarlo en una playa viendo cómo las olas se deslizan, llevarlo al oído y notar cómo el rumor del mar reverbera en la copa… ¿Por qué no disfrutarlo también así?”.

Para este manchego de nacimiento y riojano de adopción, la misión del vino es halagar a los cinco sentidos. “Hace 20 años se introdujo en España el sentido cultural del disfrute hedonista del vino, que ya aparece en el Reino Unido en el siglo XVIII. Antes sólo era un complemento en la dieta de los trabajadores, porque tiene cierto poder energético, incluso euforizante, alguna proteína -si no está bien hecho-, sales minerales, propiedades antioxidantes y anticancerígenas, en el caso de los tintos, y es una bebida que regula la actividad intestinal. Pero eso no justifica el vino como alimento. Su función principal es causar placer”.

A sus 41 años, Miguel Ángel aspira a elevar los caldos que produce en Briones (Rioja alta) a la categoría de arte. Y a fe que lo ha conseguido. Tanto su padre como su tío fueron dos ilustres en la famosa firma Marqués de Murrieta, por lo que saboreaba el vino ya en el biberón. Mientras trabajó en las Bodegas Bretón, en Logroño, fascinó con el Dominio de Conté 89, que colocó a la marca en una posición privilegiada. En el 97 se estableció por su cuenta y ahora factura 5,5 millones de euros. Dirige una empresa pequeña que elabora grandes vinos, de la talla del espectacular Aurus, con el que ha obtenido reconocimiento internacional.

Además de bodeguero, Miguel Ángel es diseñador de vinos de otros. De otros como José Manuel Segura, empresario del mundo del ladrillo y propietario de Bodegas Victoria, en la denominación de origen Cariñena, en Aragón, o el ex presidente del grupo de servicios Acciona, José María Entrecanales. “Le conocí en 2000, cuando era presidente de Acciona y alguien importante ya en el mundo del vino (era propietario de Hijos de Antonio Barceló, uno de los cinco mayores grupos vinícolas del país). En aquel momento me propuso plantar viñedo en su finca La Verdosa, en Santa Cruz de Retamar (Toledo), en una denominación de origen, Méntrida, que entonces no representaba nada. Quería hacer un proyecto innovador en el sitio más difícil del mundo. Lo primero que le dije fue que estaba loco, cosa que se tomó a risa. Había que ser muy valiente para decirle en esos momentos a José María Entrecanales que estaba loco. Pero él me dijo: ‘tú mucho más’. Y empezamos a discutir día, tarde y noche sobre qué se podía hacer. Yo era muy independiente y él, un empresario de la línea dura. Pero tras un año de negociaciones me acabó convenciendo, y empezamos esta relación que ha trascendido lo que era hacer el vino para llegar a ser una relación de admiración y respeto por José María, y de intentar la osadía de hacer uno de los grandes vinos de este país, Arrayán”.

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En la Red: Encuentro digital con Miguel Ángel Gregorio el miércoles 20 a las 11:00. YA puedes dejar tus preguntas.

Le llaman el ‘enfant terrible’ de la Rioja porque diseña unos caldos muy personales
También cede sus vastos conocimientos al quehacer vinícola de empresarios como José María Entrecanales, ex presidente de Acciona.