Una mayor cultura, unida a una buena situación económica han convertido a 2004 en un año satisfactorio para el sector. el cliente sabe lo que quiere. ellos y ellas demandan relojes grandes y automáticos, donde las diferencias se desvanecen cada vez más.
La cultura relojera crece vertiginosamente en España y el consumidor
final está más abierto a otras marcas o a marcas nuevas",
explica Javier Pomar, vicepresidente de Cronomar, compañía
distribuidora de las marcas Girard, Perregaux, Breitling
y Oris. "Somos un mercado que ha aprendido mucho en relojería.
El consumidor sabe diferenciar cuándo está pagando por
un producto un precio exagerado, por lo que la calidad-precio-servicio
es una característica que nuestro cliente mira a la hora de adquirir
un reloj", dice.
Este mayor conocimiento, unido a una situación económica
favorable han hecho que 2004 haya sido un buen año para el sector
o, como comenta Pomar, "podemos afirmar que el cómputo general
del año ha sido buenísimo".
Según un estudio de la consultora DBK, la recuperación
del clima de confianza sobre la evolución de la actividad económica
trajo consigo una ligera aceleración en el mercado de relojes,
que aumentó un 3,6% hasta situarse en 368 millones de euros en
2004. Dentro de este mercado, el valor de las ventas de relojes de pulsera
creció en este último ejercicio un 3,5% hasta alcanzar
una cifra de 584 millones de euros, es decir, el 91,5% del mercado total.
En este segmento la gama media registró el mejor comportamiento,
ya que creció un 3,8% y representó en torno a la mitad
del mercado de relojes de pulsera. Por su parte, las gamas alta y baja
crecieron un 3,1% y un 3,5% respectivamente.
"Somos uno de los mercados europeos que siguen creciendo, a diferencia
de países como Alemania, que continúa con muchas dificultades
en el sector, o Italia y Francia, que están más estabilizados",
dice Javier Pomar.
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