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Con veinte años, Carlo d’Amore, director general de la empresa de soluciones tecnológicas Compuware en España, consiguió hacer realidad su sueño de infancia: surcar los mares con su propio barco. Se dejó todos sus ahorros en una pequeña lancha de apenas tres metros de eslora (longitud) y motor fuera borda, y se lanzó a la aventura. Como le sucede a la mayoría de los ejecutivos que viven la náutica con pasión, Carlo fue cambiando de embarcación y aumentando los metros de eslora de sus nuevas adquisiciones a medida que pasaban los años e incrementaba su sueldo. Ahora, con 48 años, tiene un Belliure 40 de segunda mano y trece metros de eslora que es la niña de sus ojos. Lea el artículo completo en la revista. |