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Para ser un auténtico lobo de mar ya no hace falta haberse
curtido en las peripecias náuticas de varias vueltas al mundo.
Ni siquiera haber encallado en una isla remota ni tener un barco
en propiedad. Convertirse en capitán de yate, la máxima
graduación en el mundo marino, por delante, incluso, de patrón,
es posible a partir de dieciocho años. Sólo hay que
superar un examen y acreditar prácticas de al menos cinco
días más un día de navegación nocturna.
A partir de entonces, se está más que preparado para
tripular embarcaciones a motor y vela de cualquier eslora y potencia.
Eso sí, previo pago de una matrícula de 1.800 euros
para ser capitán, y de 1.200 para ser patrón de yate.
“A pesar de que la mayoría de los que aspiran a pilotar
una embarcación son ejecutivos de entre 35 y 45 años
o empresarios jubilados, cada vez son más las mujeres que
se interesan por la navegación y a las que no les asusta
cruzar el Atlántico”, dice Raquel Iglesias, directora
de la madrileña escuela náutica Alta Mar. |